El borgoña es un todo más ligero que el granate. Es una mezcla de café y rojo con un toque de morado. Mucha gente lo confunde con el granate, el cual tiene una tonalidad más rojiza-café, pero sin el color morado que tiene el borgoña. El color borgoña fue nombrado así por una bebida que tiene ese tono particular de rojo. Específicamente, se le puso ese nombre por los vinos tintos provenientes de los viñedos de Borgoña en Francia.

Curiosamente, en Borgoña el color se conoce como Burdeos, por otra región productora de vino que produce una bebida de color rojo profundo similar. El idioma inglés adoptó el término borgoña para referirse al color a finales de los 1800. Es posible que lo haya hecho debido al aumento en la importación de vinos franceses en países angloparlantes.

Hay otras dos versiones populares del borgoña: borgoña intenso y borgoña antiguo. El borgoña intenso surgió después de que un producto para pintar el cabello tomara el mismo nombre y se volviera popular.  Este tono de borgoña es significativamente más brillante que el borgoña tradicional. El borgoña antiguo es una tonalidad de borgoña mucho más oscura y morada, y se empezó a usar a mediados de 1920.

En los 1990, el borgoña se convirtió en el color más popular de lápiz labial. Lo usaba bastante gente que se identificaba con la subcultura gótica. El borgoña también ha sido un color popular para sábanas y fundas de almohada.

La psicología del borgoña

El borgoña a menudo está asociado con la sociedad de clase alta. Su tono rojizo y matiz vivo son interpretados como símbolo de sofisticación. Se percibe como más serio que otros tonos de rojo y le falta sentido del humor, ese toque de energía que sí tienen los tonos rosas.

El borgoña se puede interpretar como un color que denota poder. La combinación de su seriedad psicológica y fuerte energía de dan un toque de mucha ambición. Por eso, la gente que trata de mostrar que son poderosos o de una clase rica, usan en borgoña como una forma de mostrar estos atributos.